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Las Escrituras y Jesús

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  Recuerda que desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15 DHH) . Cuando era niña mi madre me enseñó a leer la Biblia, a buscar las referencias a otros versículos que aparecen al calce de algún versículo o de la página, a utilizar diccionarios y comentarios bíblicos, en fin, a estudiar la Biblia buscando comprender el significado de lo que decía. Así aprendí a amar la Biblia. En ella también encontraba nuevas palabras y reforzaba en mi memoria la forma correcta de escribirlas.  Siendo adulta, asistí a una charla sobre Educación Cristiana y me impactó la pregunta: ¿Has leído la Biblia completa? Posiblemente lo habría hecho, pero no podía decirlo con total certeza. Así que me di a la tarea de asegurarme de leer toda la Biblia, ya que debía conocer lo que pretendía enseñar a los niños. Con el tiempo y las lecturas (la he leído completa en varias ocasiones) fui descubriendo que mien...

¿Reclamo promesas o tiento a Dios?

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  En Mateo 4 se narra la tentación a Jesús. El diablo le dice: -Si eres Hijo de Dios... -poniendo en duda su identidad. Luego añade_ -Porque escrito está... -aludiendo al Salmo 91:11-12.  Jesús le responde:  -Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios -en alusión a Deuteronomio 6:16.  Claramente Jesús nos presenta un ejemplo de cómo la Palabra de Dios puede ser correctamente o inadecuadamente utilizada. En su expresión "escrito está también", Jesús reconoce que tanto el pasaje mencionado por el diablo como la nueva referencia que Él traía eran verdadera Palabra de Dios. En los versos anteriores, donde se narra la primera tentación (Mateo 4:2-4), Jesús enfatiza en la consideración de la totalidad de la palabra que sale de la boca de Dios, no solo de fragmentos aislados de ella. El pasaje que el diablo traía a colación no debía interpretarse en forma aislada y conveniente.  ¿Por qué seguir la propuesta del diablo iría en contra de la Palabra de Dios? Vea...

A Sus pies y a Su sombra

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Anhelo vivir sentada a tus pies, Señor Jesús, escuchando tu voz como María, la hermana de Marta y de Lázaro (Lucas 10:38-42). Tendida a tus pies como Rut mientras esperaba ser protegida bajo el manto de Booz y dignificada por la identidad que le otorgaba su amor (Rut 3). A tus pies, sí, y a tu sombra, como el rey David, que se deleitaba en tu presencia (Salmos 16:11; 63). A tu sombra de Águila en las alturas (Salmo 91; Isaías 40:28-31). A la sombra de tu mirada compasiva y tu voz de Maestro -deliciosas cual manzano- como la amada en los cantares de Salomón (Cantares 2:3). ¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas (Salmos 36:7 RV60). Mi Amado es, entre los jóvenes, como el manzano entre los árboles silvestres. Sentarme a su sombra es un deleite; ¡cuán dulce es su fruto a mi paladar! (Cantares 2:3).    

PRENSA MISIONERA MUNDIAL

Saludos y muchas bendiciones.  Para los que han preguntado, este enlace les indica los puntos de distribución del material de Prensa Misionera Mundial en Latinoamérica. Espero que les sea útil.  https://www.wmpress.org/spanish/

Sobre la soledad y el aislamiento

Reflexión en Torno La Soled... by artestahl
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  No existe algo que Dios no pueda ...     Ver     Oír     Comprender     Perdonar, si hay arrepentimiento     Enderezar y transformar     Usar para bendecir. Su Espíritu está presto para ...     Consolar     Dirigir      Amonestar     Despertar la conciencia     Llamar a la reconciliación     Dar una nueva perspectiva     Recompensar con gozo y paz
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Enojarnos contra Dios por la maldad de otros o por las consecuencias de la maldad humana -como lo son la enfermedad, los accidentes, la alteración de los ciclos de la naturaleza o la pobreza- es, primeramente, olvidar que nosotros también hemos hecho o causado mal en algún momento y, segundo, tener una idea equivocada de Dios.  Más bien deberíamos considerar hasta qué punto los seres humanos hemos transgredido las leyes de Dios, diseñadas para una vida buena, sana y armoniosa.  Dios nos ama como nadie, desea nuestro bien, nos perdona cuando nos arrepentimos y ha prometido estar todos los días con los que le aman, aún en este mundo tan dañado por el pecado humano. Juan 16:33 (RV 1960) Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.