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Si sólo tienes fe

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Leía en el Evangelio según San Marcos y me sorprendió el verso 5 del capítulo 6: "Y [Jesús] no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos". Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías, el que realizó tantas obras milagrosas que cambió la historia del mundo y es el punto de partida en el calendario en muchos lugares del mundo ¡no pudo hacer ningún milagro! El siguiente verso explica la razón: "Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos". Él mismo dijo respecto a Nazaret: "No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra".

Jesús ve tu cansancio

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En días recientes estaba leyendo el Evangelio según San Marcos, capítulo 6. Dos frases llamaron mi  atención: “viéndoles remar con gran fatiga… vino a  ellos”. En los versos 30 y 31 Marcos nos dice que los discípulos salieron a enseñar, enviados por Jesús, y regresaron contándole lo que habían hecho. Entonces Él les mandó a apartarse a un lugar desierto a descansar porque, atendiendo a la gente, ni siquiera habían sacado tiempo para alimentarse. ¿Cuántas veces has estado tan agobiada de trabajo que olvidas comer o descansar? El Señor Jesús nos enseña a separar tiempo a solas para atender nuestras necesidades básicas.

"Cautivante"

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Encontré esta lámina en Facebook, en la página de una joven de nombre Gladys Concepción, y recordé el libro Cautivante, cuyo resumen ya publiqué antes en este blog. ¿Lo recuerdan?

La astilla del rencor

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En días recientes me enterré un pedacito de vidrio en el dedo. Hace mucho que no sentía la incomodidad de la piel abierta y enconada y la sensación urgente de extraer de mi cuerpo el objeto invasor. Recordé que en mi niñez a veces me enterraba una astilla y no sabía cómo sacarla. El dolor, la inflamación y la incomodidad no cesaban hasta que alguien con mayor habilidad y experiencia que yo lograra extraerla. A veces había que sacarla por pedazos porque no salía completamente. Si ése era el caso, cuando tocaba algo con el dedo, sentía la punzada de la astilla y sabía que todavía quedaba algo sin extraer. A menudo había que abrir un poco la piel para ayudar a sacar la astilla, pues de otra forma lo que hacía era adentrarse más y provocar mayor irritación.  

El peligro de algunos silencios...

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Hay silencios buenos, silencios que enseñan, silencios que nos permiten relajarnos después de un día agitado, que nos permiten encontrarnos con nosotras mismas, que nos permiten reflexionar sobre cómo ser mejores personas, planificar qué haremos con nuestro tiempo y muchas cosas más. Pero hay silencios que nunca deberían darse. Silencios que levantan murallas, que distancian corazones, que provocan olvido... Silencios que si se prolongan lo suficiente tienen como resultado que al querer comunicarnos ya no seamos conocidos o ya no conozcamos porque no estuvimos en contacto mientras nuestro ser interior o el de un ser amado se iba transformando con el devenir de la vida. Tengamos más cuidado de hacer silencio cuando es sabio y respetar el silencio de los que nos rodean cuando es prudente. Tengamos también el cuidado de romper el silencio -el nuestro o el del otro- cuando nuestras relaciones dependan de la comunicación, antes de que sea tarde porque  los lenguajes del alma ...

Manteniendo el amor a la distancia

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Hay mujeres que están solas teniendo pareja. Solas porque el trabajo de sus esposos requiere que viajen y estén fuera del hogar, a veces por tiempo prolongado. Ése es el caso de las esposas de soldados. Gareth Malone, quien a sus 30 años de edad (luce como un adolescente) es director de coro de la Orquesta Sinfónica de Londres, ha creado un coro de esposas de soldados. Estas mujeres cantan canciones inspiradas por las cartas que intercambian con sus esposos mientras estos sirven en el campo de batalla. A través de sus cantos les envían mensajes de esperanza y fe y les sostienen con su amor.
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En días recientes escuché a la Rvda. Migdalis Acevedo, pastora de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, hablando sobre la historia de Jesús y Pedro caminando sobre las aguas. La pastora resaltaba el hecho de que Jesús caminaba tranquilo sobre las aguas de un mar agitado. Pedro también. Según Mateo 14:22-33, no fue hasta que ambos subieron a la barca que el viento y el mar se calmaron.