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Me Before You: Propaganda a la muerte asistida
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Esta semana estuve compartiendo con mi sobrina, una jovencita. Decidimos ir al cine y ella eligió ver Me Before You. Este drama romántico parece ser el usual. La trama se desarrolla en la forma esperada, hasta entrada la película. Se trata de un caso hipotético de defensa de la Muerte Asistida. ¿Los argumentos? Cuando prestamos atención: El hedonismo resulta ser el argumento central. El caballero perdió una vida llena de "éxitos" como: Tener un trabajo bien remunerado, poder darse el lujo de ir a tomarse un café en París (él vive en Inglaterra) y ver que las damas lo observan con admiración porque es guapo y viste elegantemente, poder tener relaciones sexuales siempre que siente el impulso de hacerlo.
La sexualización de la humanidad
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En la escuela donde trabajo veo muchísimas conductas sexualizadas. Algunas entre estudiantes de distinto género, algunas entre estudiantes del mismo género. Aunque en nuestro país todavía no son efectivas algunas leyes, la influencia de los medios de comunicación y la transformación de cursos como el de Salud y el de Paternidad Responsable definitivamente incrementan la poca responsabilidad con que los jóvenes experimentan con su sexualidad y la total carencia de pudor con que ejecutan su conducta sexual en público.
Dejando ir a quien amamos
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Una de las historias más estremecedoras de la Biblia es la del sacrificio de Isaac. Dios promete a Abraham un hijo, que no llegó a tener hasta su vejez y la de su esposa. Cuando por fin tienen el hijo, el gozo más grande de su vida entera, Dios le pide sacrificarlo. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré (Génesis 22:2). Para Abraham no era extraña esa petición. En las culturas paganas de la antigüedad, era común sacrificar niños para aplacar la ira de los dioses. Pero Dios quería revelar a Abraham Su carácter de Dios de Amor. Dios era diferente, era el Dios verdadero. Él probaría la fe de Abraham, pero le enseñaría que a Sus ojos el sacrificio humano no era aceptable. Dios ya había prometido un único sacrificio que redimiría a toda la humanidad: el sacrificio de Su Hijo (Génesis 3:15; Isaías 53).